Miedo a los contagios, inseguridad y crisis: la difícil misión de hacer cumplir la cuarentena en el Conurbano

La olla está sobre el asfalto, al lado del cordón y abajo de las escaleras de uno de los monoblocks. En un tablón hay zapallitos, calabazas, papas y zanahorias cortadas en cubitos, paquetes de fideos y legumbres. Esta olla popular es iniciativa de vecinos para otros vecinos. De acá comen unas 80 personas a las que ya les avisaron que será la última vez que se hace por el riesgo de un brote de coronavirus​.

La cuarentena en el barrio Carlos Gardel, en Morón, se vive entre la necesidad económica y el miedo por la pandemia. Un equipo de Clarín visitó el lugar como parte de una recorrida por los operativos de las fuerzas federales en el Conurbano para garantizar el cumplimiento del aislamiento social, preventivo y obligatorio. Y en medio de una ola de inseguridad en la Provincia, que en lo que va de junio lleva 10 homicidios en ocasión de robo y reavivó la interna entre funcionarios de Nación y Provincia.

A solo cuatro kilómetros de la General Paz, a 20 cuadras del centro de Ramos Mejía, a 400 metros del Acceso Oeste y detrás del Hospital Posadas, este barrio tiene su pulso propio. Y entrando desde Marconi por Cacique Namuncurá, lo primero que llama la atención es que la calle está prácticamente desértica. Entre las paredes laterales de las hileras de casas construidas en el último plan de viviendas, hay autos estacionados, el centro de Salud Malvinas Argentinas y el silencio que recuerda que hay una pandemia.

Doscientos metros más adelante por Namuncurá se llega al playón inmenso del barrio Carlos Gardel y entonces aparecen los monoblocks de la década del 70, con sus puentes de hierro que conectan una torre con la otra. Según el último censo de 2010, acá vivían 10.000 personas. Ahora el municipio estima que son 12.000.La Unidad de Prevención Barrial de Gendarmería en el playón del barrio Carlos Gardel (Mario Quinteros) © clarin.com La Unidad de Prevención Barrial de Gendarmería en el playón del barrio Carlos Gardel (Mario Quinteros)

En una punta del playón se ve la Unidad de Prevención Barrial de Gendarmería (UPB), que está dividida en dos puestos fijos ubicados en cada extremo de la Diagonal Lentati, que atraviesa el barrio. Los gendarmes desembarcaron acá en 2017 a través del programa Barrios Seguros.

Es que un par de años atrás, la zona aparecía con frecuencia en las páginas de la sección Policiales por casos de secuestros exprés y bandas de entraderas que operaban desde acá. Las autoridades aseguran que entre la presencia de las fuerzas federales sumado a la cuarentena obligatoria, el delito se redujo a la mínima expresión.

“La urbanización y la presencia de la Gendarmería pacificaron el barrio. Acá la jurisdicción de la seguridad es provincial y las fuerzas federales son un complemento”, dice a Clarín Luis Morales, subsecretario de Intervención Federal del Ministerio de Seguridad de la Nación.​

La UPB cuenta con 137 agentes de Gendarmería divididos en tres turnos que patrullan con móviles y a pie en trinomios, la misma táctica que empezó a usarse en 2012 en las villas de Capital Federal como la 31 y la 1-11-14​. Dos llevan su arma reglamentaria y el tercero una escopeta.Hugo (39), mecánico de coches, trabaja a domicilio sin salir del barrio (Mario Quinteros) © clarin.com Hugo (39), mecánico de coches, trabaja a domicilio sin salir del barrio (Mario Quinteros)

“El barrio está mucho más tranquilo”, opina Hugo (39), un mecánico de autos que hace arreglos a domicilio, ante la consulta de Clarín. “Acá adentro está tranquilo, afuera no sabría decirte. Está la Gendarmería que va y viene a todos lados. No es como antes que sí (las bandas) entraban y salían con coches robados”, dice Gustavo (47).

Si bien la violencia es la razón principal de la llegada de los gendarmes al barrio Carlos Gardel, las autoridades dicen que esa es solo una arista de un “Estado presente”.

“Si el roce permanente es solo de fuerzas de seguridad, la relación se desgasta”, apunta Morales y dice que la presencia de los uniformados abre el camino para realizar talleres educativos con aulas móviles y, ahora en épocas de pandemia, operativos de vacunación antigripal y sanitización con camiones hidrantes cargados de agua y lavandina para desinfectar los pasillos del barrio.

Desde que un operativo de detección temprana casa por casa encontró 25 casos sospechosos de coronavirus, el barrio vive virtualmente en una fase 1 mientras el resto del Conurbano está en fase 3 (cuando se hizo esta recorrida).

El problema es que si la economía del país está parada, acá la situación es apremiante. “Varios trabajamos por cuenta propia y con todos los permisos que te piden para manejarte en la calle es complicado”, dice Hugo.Gustavo (47) y Raúl (50), vecinos del barrio Carlos Gardel de Morón que preparan una olla popular para 80 vecinos. (Mario Quinteros) © clarin.com Gustavo (47) y Raúl (50), vecinos del barrio Carlos Gardel de Morón que preparan una olla popular para 80 vecinos. (Mario Quinteros)

Gustavo además de vecino y dueño de un almacén ubicado en diagonal al playón principal es el referente de la olla mencionada al principio de esta nota. “Hacemos la olla martes y viernes con una chica y otro muchacho. Pero por desgracia se termina porque tenemos varios casos sospechosos de coronavirus y no queremos que se junte gente”, explica el hombre, que también es gasista. “La mercadería que sobre la vamos a repartir entre los que están más apretados económicamente”, agrega. 

Caminando entre las paredes grises de los monoblocks, la sensación es la de un lugar abandonado con la certeza que puertas adentro hay miles de historias que esperan. Cada tanto alguien pasa con el tapaboca puesto y lo más lejos de nosotros posible. Después todo lo que se ve es algún gato que se pierde entre los rincones, pedazos de un afiche de Alberto Fernández​ presidente que recuerda que las elecciones fueron hace tan poco y hace tanto, pozos de alguna obra que quedó a medio hacer y un puesto de frutas y verduras. 

“Yo soy manzanera y no estoy haciendo las recorridas porque tengo miedo de contagiarme. Estoy encerrada, no salgo de acá”, dice una vecina que prefiere el anonimato. “Hay mucho miedo en el barrio, se habla de casos positivos y que lo van a cerrar”, agrega la mujer. En efecto, más de un vecino se va a acercar durante la recorrida y pregunta al equipo de Clarín: “¿Vinieron porque van a cerrar el barrio?”. La imagen de Villa Azul de Quilmes está presente.El barrio Carlos Gardel queda detrás del Hospital Posadas en Morón. (Mario Quinteros) © clarin.com El barrio Carlos Gardel queda detrás del Hospital Posadas en Morón. (Mario Quinteros)

La avenida Perdriel es uno de los límites del barrio Carlos Gardel y también la que divide Morón con el partido de Tres de Febrero. Acá sí se ve movimiento y también un control de Gendarmería que para a cada uno de los que entra y sale por Diagonal Lentati. “Se verifica que sean vecinos del barrio y tengan permiso para circular”, dice el gendarme Hugo Santos, jefe del Escuadrón Carlos Gardel.

Como en Morón, las fuerzas federales están presentes en 30 municipios del Conurbano bonaerense y en total suman 7.000 agentes en toda la Provincia entre la Policía Federal, Prefectura y Gendarmería. De ellos, 3000 están especialmente abocados a la seguridad ciudadana, operativos vehiculares y control de permisos para circular por la cuarentena, tanto en la calle como en el transporte público. Y 1.500 son “back-up móvil” para disponer de recursos según necesidades puntuales. 

Por eso los funcionarios cercanos a la ministra de Seguridad de la Nación, Sabina Frederic, ven con extrañeza las declaraciones de su par bonaerense, Sergio Berni​, sobre la “falta de apoyo” en la Provincia.

“Al principio del ASPO se hizo un refuerzo de personal y móviles en La Matanza, Moreno, Quilmes y San Fernando consensuado con la Provincia”, dice el subsecretario Morales. Ante la falta de entendimiento con Berni, Nación eligió como interlocutores a los intendentes. Esta semana, por ejemplo, Frederic se reunió con Fernando Gray, jefe comunal de Esteban Echeverría. La anterior lo hizo con Juan Zabaleta, de Hurlingham, lo que causó la reacción del ministro bonaerense en Twitter.

“Los municipios conocen bien el mapa del delito porque además de las estadísticas de las denuncias que toman las comisarías, saben lo que pasa en los barrios y que la gente no hace la denuncia formal”, explica Morales.Controles de Prefectura en Avellaneda e Italia, en San Fernando vistos desde el aire. (Mario Quinteros) © clarin.com Controles de Prefectura en Avellaneda e Italia, en San Fernando vistos desde el aire. (Mario Quinteros)

En otro punto del Conurbano, más al norte, en Virreyes (San Fernando), la situación es completamente distinta a la del barrio Carlos Gardel de Morón. Hay gente caminando en la calle, aunque con distancia, hay tránsito y a simple viste es imposible distinguir quién está en la calle porque es esencial, quién salió porque es del barrio y fue a hacer una compra y quién está violando la cuarentena. Por eso están los controles de Prefectura. Esta vez hay uno partido en cuatro en todas las direcciones del cruce de Avellaneda e Italia.

“Tenemos 120 puntos por día de operativos dinámicos. La gran mayoría tiene el permiso para circular”, dice el prefecto mayor Daniel Bonifacini, jefe de Seguridad Ciudadana Área Norte de Prefectura, que está a cargo de 700 agentes desde Vicente López a Zárate especialmente dedicados a la prevención y aparte de los que patrullan la zona costera. “Articulamos con los municipios por su experiencia propia y trabajamos en coordinación con el centro de monitoreo y la Policía local”, agrega.La Policía de Seguridad Aeroportuaria también salió a la calle a hacer controles en el Conurbano (Mario Quinteros) © clarin.com La Policía de Seguridad Aeroportuaria también salió a la calle a hacer controles en el Conurbano (Mario Quinteros)

Las autoridades observan que en comparación con la primera fase de la cuarentena, el delito aumentó en la Provincia. Aunque sostienen que el índice es bajo. Sí reconocen y les preocupa que los hechos que hay son particularmente violentos.

También en San Fernando, la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) salió del perímetro del aeropuerto para sumarse a los controles. En este que está sobre la avenida Hipólito Yrigoyen cuentan que detuvieron a un prófugo que tenía pedido de captura por “robo calificado” por la Justicia de San Martín.

Para monitorear la situación en el Conurbano, la Policía Federal usa un Helicóptero Airbus H145 con capacidad con faro de búsqueda y una cámara con sensor que graba en HD.Filas de autos en ambas manos del Puente La Noria por los controles desde el helicóptero de la Policía Federa por los controles por la cuarentena. Vista desde el helicóptero de la Policía Federal. (Mario Quinteros) © clarin.com Filas de autos en ambas manos del Puente La Noria por los controles desde el helicóptero de la Policía Federa por los controles por la cuarentena. Vista desde el helicóptero de la Policía Federal. (Mario Quinteros)

Desde el aire, Clarín pudo ver los operativos en avenidas, peajes y accesos a Capital. En Puente La Noria, por ejemplo, hay una fila de dos kilómetros para pasar por los controles. También se ven las dos caras de la cuarentena en el Conurbano: concentración de gente en los centros comerciales y barrios de todos los niveles socioeconómicos vacíos.

Y desde arriba, el barrio Carlos Gardel sigue desierto, como más temprano. La fase 1 está por arrancar. Otra vez.

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