«Fiorella», el secuestrador que quería ser millonario y terminó asesinado por sus cómplices

La camioneta Hilux quedó en marcha, con las luces encendidas y semi volcada en una de las zanjas. Cuatro hombres bajaron corriendo, a los gritos. El vecino, al creer que se trataba de un accidente, se les acercó preocupado. Les preguntó si estaban bien y la respuesta fue apuntarlo con una ametralladora y pistolas. “¡Tomatelá, tomatelá; ¡andate, tomate el palo!”, le exigieron.

El vecino les hizo caso y se metió en la casa de su hijo sin volver a mirarlos. Encerrado, y escondido como si alguien podría estar espiándolo desde afuera, los vio dirigirse hacia el portón de la casaquinta de la esquina. A los minutos, y aun temblando de miedo, los observó escapar por el mismo portón, pero en otra camioneta, a toda velocidad.

Jorge "Fiorella" Gómez tenía 38 años. Fue acribillado dentro de su camioneta.

Recién ahí caminó hasta el vehículo tumbado y en marcha. Al llegar, se encontró con la imagen más horrible de su vida: el conductor dormía en un mar de sangre. Era Jorge Ramón «Fiorella» Gómez (38). Debajo de su asiento encontrarían una pistola. Como hacía dos años que tenía pedido de captura, entre sus ropas llevaba documentación a nombre de un familiar.     

Así lo recordó el vecino en junio pasado, en un juicio por jurados en el que Diego Narvaja (25), Jonatan Asat (28) y Carlos Orsi (40) fueron condenados a prisión perpetua por el homicidio.

El crimen fue cometido el 9 de septiembre de 2016, en Carlos Spegazzini, partido de Ezeiza. Y destapó una serie de delitos que nadie estaba investigando: secuestros, entraderas, extorsiones, amenazas y operativos policiales fantasmas que no figuran en ninguna causa.

En el juicio también estuvo Axel Villagra (22). Llegaron a él por una huella dactilar en una botella de Coca Cola, el día que allanaron la casaquinta. Pero no pudieron comprobar que fuera el cuarto hombre que bajó de la camioneta. Aun así, se encuentra detenido por otros delitos. 

El asesinado y los condenados, más un hombre que no pudo ser identificado, se habían reencontrado esa misma tarde en un autoradio de La Rotonda de San Justo, partido de La Matanza. Hacía meses que estaban peleados, luego de haber conformado una banda que se dedicaba a los secuestros extorsivos y entraderas, y que contaría con protección policial.

Según se reconstruyó en la investigación, Gómez, que había llegado con su mujer, terminó a los abrazos con Orsi, que estaba acompañado por otros tres cómplices que lo esperaban en un auto. La banda se había vuelto a juntar, completa. De allí salieron juntos, hacia la casa del que no imaginaba que estaba viviendo sus últimas horas. 

“No te vayas”, alcanzó a pedirle su mujer, en la vereda de la casa de San Justo. “Fiorella” la escuchó pero no le hizo caso. Se subió a la camioneta Hilux como si nada. “Te vas a morir en tu intento de ser millonario”, le reprochó a los gritos, desde la puerta, segundos antes de poner primera y arrancar junto a sus cómplices.

A las 9 de la noche de ese mismo día, siempre al volante de la camioneta, recibiría tres disparos por la espalda y otro en la sien, de dos pistolas 9 milímetros. Tres horas después, parte de la banda se presentó en la casa de la mujer de Gómez. Le preguntaron por él. «¿Cómo que no saben? Si se fue con ustedes…», respondió. Antes de retirarse de su casa, los condenados le juraron que su marido se había ido a robar una camioneta con un tal «Chaqui Chan», otro ladrón, primo de la víctima.

El Tribunal Oral citó a la viuda a declarar en el juicio. Pero desde ese día, su paradero es un misterio. Ni siquiera la familia Gómez sabe sobre su destino, ni el de la hija de tres años que había tenido con el fallecido. Durante la investigación había denunciado amenazas de todo tipo por parte de las mujeres de los condenados.  

A pesar de no declarar en el juicio, la mujer alcanzó a contar su versión en la instrucción de la causa. Su suegra y una de sus cuñadas, también. Los testimonios coinciden. Contaron, entre tantas cosas, que Gómez y Orsi se habían conocido en la Unidad 24 de Florencio Varela, cuando los dos cumplían penas por robos calificados. En libertad, junto a Asat y Narvaja, que también eran vecinos de San Justo, se dedicaron a los secuestros extorsivos.

Pero meses antes del homicidio, según consta en el expediente, policías de la Brigada de San Justo allanaron el domicilio de «Fiorella». «Fue como un allanamiento fantasma», se describe en la causa. Como los cuatro estarían involucrados en una investigación por un secuestro extorsivo, los policías le habrían pedido 400 mil pesos, a razón de cien mil por cada uno, a cambio de no detenerlos.

Gómez, que contaba con pedido de captura, habría llamado a los tres para pedirles sus partes. «Hay un acta de ese allanamiento. Pero no figura en ninguna causa penal», le contó un investigador a Clarín.  

Luego del pago de los 400 mil pesos, Orsi, Narvaja y Asat habrían comenzado a sospechar de Gómez. Dudaban mucho: creían que podría haberse quedado con los 300 mil pesos que le habían reunido. O que los podría haber «entregado» con los policías. Lo concreto es que desde ese allanamiento no volvieron a delinquir juntos. Ni a cruzarse más que para entregarle lo que pidió la Policía.

«En el barrio se rumoreaba que estaba todo mal con él. Escuché que querían matarlo», recordaría su hermano, hoy detenido por robos en un penal bonaerense. «Yo sabía que estaba todo mal entre mi hermano y Orsi y Asat», declaró una hermana. Eso era lo que se decía en el mundo delincuencial de La Matanza. Hasta el día que el azar, o el destino, los puso en el mismo autoradio de San Justo. En los que serían sus últimos meses, Gómez había vivido en Mar del Plata junto a su mujer y su bebé. No solo habría escapado por su pedido de captura. También huía de la banda y de la Brigada de San Justo.  

De los condenados, el único que declaró fue Orsi. «Estoy convencido que soy un chivo expiatorio de la Policía, quienes sí tenían interés que desapareciera Jorge Gómez», aseguró. Y nombró a un tal «Murdoc». «Un personaje que dice ser policía. Una persona de 50 años, de contextura gorda, suele tener en el pelo como una colita que a veces lo tiene atado, pero en la parte de adelante tiene entradas pronunciadas y es de tez blanca», agregó. 

Según su versión, luego de recuperar su libertad, Orsi se dedicó a la compra y venta de autos. En ese contexto laboral se habría cruzado con Gómez en una prensa de chatarra. Era la primera vez que se veían fuera de la cárcel. En julio de 2016 se volvieron a encontrar: Gómez le habría ofrecido una Renault Kangoo. «Me comentó que el policía ‘Murdoc’ le estaba haciendo de intermediario con la Brigada. Necesitaba vender su camioneta para pagarles. Tenía miedo de las posibles represalias», contó. Quince días después del negocio cerrado, Gómez le habló de «Murdoc». Decía que el policía quería reunirse con Orsi ya que lo tendría identificado en un hecho, junto a Asat, otro amigo al que había conocido en la cárcel de Florencio Varela.   

A mediados de agosto, al salir de una agencia de autos de San Justo, un hombre se le acercó y se presentó como «Murdoc». «Me dijo que quería plata porque sabía que yo estaba robando y que si no me iba a meter en alguna causa. Como le respondí que solo me dedicaba a la compra y venta me amenazó diciéndome que conocía mucha gente de las Brigadas y del Poder Judicial, y que con mis antecedentes era fácil meterme preso», relató Orsi.

El siguiente encuentro de la banda fue en una comisaría de Isidro Casanova. Gómez ya estaba muerto y Orsi era uno de los acusados. Asat y Narvaja fueron detenidos a la salida de Tropitango, la bailanta de Pacheco. 

Horas después del asesinato, la Policía Bonaerense había allanado la quinta a la que entraron los cuatro acusados, luego de bajar de la camioneta en la que Gómez fue asesinado. Allí encontraron armas cortas y largas que estaban declaradas como robadas en hechos que empezaron a investigarse a partir del crimen.

Tanto la Hilux del homicidio como otra camioneta hallada en la quinta habían sido robadas, por los que los condenados a perpetua por homicidio volverán a sentarse en el banquillo, pero por secuestros extorsivos y asaltos.

El dueño de la quinta presentó un contrato de alquiler a nombre de la mujer de Orsi. Siempre basado en su versión, Gómez había vivido en esa quinta. «Yo la alquilé por un mes para pasar las vacaciones de invierno y el día del niño en familia. Pero ‘Fiorella’ me llamó y me dijo que estaba desesperado, que la Brigada lo quería matar porque seguía debiendo plata. Le ofrecí la quinta y me pagó la mitad del alquiler. Quería dormir fuera de La Matanza. Desde ese día me desentendí de la quinta», se justificó.

Otras pruebas en contra de Orsi y de los otros dos condenados son las imágenes tomadas por uno de los vecinos de Spegazzini, en las que se puede ver a los cuatro hombres bajando de la camioneta y corriendo hacia la quinta. Si bien no son imágenes nítidas, fueron reconocidos por los familiares de Gómez. Las víctimas de algunos de los secuestros también los señalaron. A ellos y a «Fiorella». Lo mismo el vecino que los vio bajar de la camioneta, al que apuntaron con armas cuando los quiso ayudar. Pero a «Murdoc» y los policías de la Brigada de San Justo, al menos hasta ahora, nadie los pudo señalar. Siguen sin ser investigados.  

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