El profe que salvó una vida

SECUNDARIO DE TOAY

Cristian Guiñez es un docente al que le tocó vivir una situación por la que quizás muchos y muchas profesores han pasado, pero que muy pocos han tomado conocimiento: le salvó la vida a un estudiante.
De todas maneras, no se trata de un «profe» más, sino que se destaca por llevar adelante el verdadero arte de enseñar. Con él al frente de la clase, todo fluye y la educación adquiere su verdadero sentido, el de transformar y no repetir.
A Cristian, un joven profesor de 32 años, el caso lo tomó por sorpresa días atrás, cuando su madre le relató un diálogo que mantuvo con otra mujer en una clase de Newcom: «Fue una situación media rara, estábamos tomando mates con mi hermano y mi mamá me cuenta que me mandó saludos una madre porque dijo que le salvé la vida al hijo», explicó aún impactado.
«Me comentó que la señora le dijo que siempre iba a estar agradecida conmigo porque, en aquél momento, ellos se estaban separando y yo lo escuché a su hijo, le presté atención y me quedé con él más de una vez en los recreos charlando, que es una cosa que yo suelo hacer casi siempre porque nunca voy a la Sala de Profesores», agregó.
Cristian recordó que el adolescente «se sentía muy mal» e incluso «había dicho en algún momento que había pensando en el suicidio». El hecho ocurrió en el año 2017, en la escuela de Toay donde dicta clases en dos materias de quinto año. Según pudo saber, el estudiante al que le salvó la vida «ahora está laburando, al secundario lo terminó».
Luego de escuchar el relato, Cristian reflexionó sobre su trabajo y sobre «el poder que tiene el docente con solamente escuchar, es así; el docente te puede etiquetar y marcarte para toda la vida, o te puede dar una mano».

No es la primera vez.
A pesar de que la situación le llamó la atención, Cristian reconoció que no era la primera vez que le sucedía. En una oportunidad, «una nena en primer año, un día se quedó después de hora y ya se habían ido todos. Vino, me preguntó si podía contarme algo y me mostró las manos, y ella se cortaba toda. Me explicó que lo hacía porque tenía muchos problemas en casa».
«En ese momento, que fue hace tres años, comprendí que uno a veces genera cosas y no se da cuenta. ¿Por qué esa chica vino y me lo contó?, podría habérselo contado a una profe mujer y podría haber generado más confianza o la preceptora con la que están más tiempo».
Cristian comentó el caso a las autoridades, se le hizo un seguimiento y «hoy la piba sigue en la escuela, tenemos una relación excelente».

«Quería ayudar».
Cristian comenzó a estudiar el profesorado de Historia en la UNLPam en el año 2008 con un solo objetivo: «quería ayudar». «Siempre me gustó la docencia, la idea de ayudar y después me di cuenta que ser docente es un proyecto político, no partidario, pero es una decisión política».
Los orígenes de su vocación están vinculados a su abuela materna, quien le regaló dos libros fundamentales cuando tenía 13 años: «El Eternauta» de Héctor Germán Oesterheld y «1984» de George Orwell. «En ese momento los leí y no les encontré sentido, pero no me los olvidé nunca más».
Cristian remarcó que «la docencia es compromiso político» y que «antes de planificar, de ver los objetivos, los recursos y las actividades, te tenés que hacer un par de preguntas: ¿para quién?, ¿cómo? y ¿por qué vas a enseñar, a favor de quién?». Porque, según el docente, «si enseñamos a repetir estamos educando a favor de los poderosos, los que cada cuatro años vienen con un discurso lindo como ‘pobreza cero’».
«Antes de enseñar hay que preguntarse para qué… Después que la persona elija como una opción autónoma, darle las herramientas para que pueda pensar. La idea con la educación es que el pibe que está en el barrio pueda preguntarle al político por qué no tiene cloacas, agua potable o servicios», explicó.

Construir vínculos.
Para Cristian entre el amor al saber y el amor al alumno no hay por qué elegir, porque para dar clases «no tenés que ser un enamorado solamente de la disciplina, porque no alcanza». Si bien consideró que «hay que saber mucho de lo que uno enseña», para el docente «sí o sí tenés que generar un andamiaje con el otro, un vínculo. Sin eso, el aprendizaje no se genera».
A su vez, afirmó que se debe enseñar desde la cabeza del que aprende, porque «uno tiene que saber qué sucedió con ese chico ese día, sobre todo hoy donde tenemos casos de pibes que van sin desayunar, sin almorzar, sin cenar. Me parece que ahí hay cosas que van más allá de la disciplina, que tienen que ver con el vínculo. Si uno no establece un vínculo con sus estudiantes no se va a producir un aprendizaje».

«Si repetimos, fracasamos».
Cristian es un docente que le gusta innovar dentro del aula, salir de «lo tradicional» a través de distintos juegos y actividades, con el objetivo de enseñarle a sus estudiantes a pensar, a «construir su verdad».
El «click» lo hizo luego de la corrección de una prueba. Allí, se dio cuenta que «cuando se sentaban a hacer la evaluación buscaba repetir lo que había estudiado del libro y por ahí no se podía repetir». A partir de ese momento, todos los años realiza un ejercicio en la pizarra en busca de que los estudiantes empiecen a cuestionar las verdades y, sobre todo, «por qué uno copia y pega lo del docente, como si fuera una verdad acabada».
La actividad consiste en escribir datos al azar en el pizarrón y que «generalmente lo que sucede es que los pibes abren la carpeta y lo copian. No te preguntan para qué ni por qué, pero lo copian. Cuando terminamos, les pregunto ¿qué copiamos? Revisemos y busquemos el sentido. Lo empiezan a leer y empiezan a ver una incongruencia», explicó.
El ejercicio le permitió al docente ver «que estamos acostumbrados a repetir y pegar». Por ello, cree firmemente en que «hay que enseñarle a nuestros estudiantes a no repetir como loros, sino a construir su propia verdad», porque «si repetimos, fracasamos».
«Cómo esperamos que lean críticamente los medios de comunicación, cómo esperamos que lo que le esté diciendo un canal o un diario el pibe no lo asuma como una verdad acabada, como si no hubiera otro relato posible de ese hecho. No les enseñamos a pensar, les enseñamos a repetir y eso es lo más grave», advirtió.

Revalorizar la escuela
Cristian comenzó a dar clases en el colegio secundario en el año 2013 y, a pesar de también dedicarse a la investigación, se considera profesor y luego historiador. En el aula se siente como en casa y sabe que allí «uno es muchas cosas a la vez: profe de historia, actor, es psicólogo en algún momento escuchando y una especie de amigo cuando presta el oído».
Sin embargo, además de todo esto, Cristian es un férreo defensor de la educación pública. Desde su visión, actualmente existe «un bastardeo sobre la escuela pública», donde se la considera «de menor calidad o de menor compromiso». Pero en la escuela «ocurren mil cosas vinculadas a la sociedad, no es una isla, lo mismo que sucede en el barrio después sucede en la escuela», indicó y consideró que «la familia todavía confía mucho en la escuela, donde perdamos ese horizonte estamos perdidos».
Por estos motivos, consideró que es fundamental «revalorizar la escuela pública, en primer lugar desde las políticas».

El discurso repetido de la «meritocracia»
Cristian se consideró «un marcado por la crisis del 2001» y recordó que durante esa época vivía en el barrio y que por suerte su padre pudo mantener el trabajo. Sin embargo, sus amigos no tuvieron la misma suerte: «la mayoría de los padres de mis amigos perdieron el laburo o se separaron».
Sin embargo, es consciente de que «hoy se vuelve a repetir un discurso, que me parecía que ya lo habíamos dejado atrás, que era el de la meritocracia, de pensar que todos tenemos las mismas oportunidades y no es así».
«Capaz que fui la excepción, pero de mis 20 amiguitos del barrio, con los que jugábamos a la pelota con 8 años, ninguno estudió, algunos cayeron en la delincuencia y en la droga». Por estos motivos, y tras aquella experiencia, Cristian siente que «la educación pública me salvó».
Dentro del aula, canaliza esta visión a través de un juego que consiste en poner a todos los estudiantes contra la pared, el que la responde bien cada pregunta que hace puede avanzar un paso y empezar la carrera desde más adelante. Para la actividad, las preguntas que utiliza son «¿Quién hizo las cuatro comidas ayer? ¿Quién tiene los padres juntos? ¿Quién todavía alquila? ¿Quién tiene la casa propia? Y cuando decís que arranquen la carrera tenés tres pibes a un paso de la línea y el resto todavía no salió de atrás. Después hay una reflexión de que la igualdad de oportunidades es falsa», explicó.
Por ello, para Cristian la docencia es «la única herramienta transformadora para los pibes que el sistema le ha negado las posibilidades en un montón de aspectos. La educación es la única herramienta que puede cambiar el mundo». En ese sentido, fue crítico con la profesión y aseguró que «a veces enseñamos mucho en la disciplina y nos olvidamos de la enseñanza en valores, en buenas personas».
«Nos olvidamos que en nombre de la ciencia se han cometido las peores atrocidades de la historia de la humanidad. Los que idearon los campos de concentración nazi fueron ingenieros, químicos, físicos. Si enseñamos solamente bajo la idea de la disciplina por sobre todas las cosas y nos olvidamos la parte humana, ya la historia nos ha dado muestras. Es hora de educar en valores humanos».

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