Crítica a Racing, exabrupto y la foto que lo volvió a transformar en jugador: el primer partido de Maradona como DT de Gimnasia

Equipo de gimnasia del Lobo, gorra al tono, gesto serio, pero no de enojo, sino de concentración. Así salió Diego Maradona al campo de juego del Bosque, en su primer partido oficial como entrenador de Gimnasia La Plata. «Veo sonrisas y me pongo loco de felicidad», dijo, mientras arengó en continuado al público.

Pidió darle un abrazo al Chacho Coudet, entrenador de Racing, y se lo dio a pesar de la reticencia de algunos entrenadores respecto al saludo previo, por el temor a que exista intención de «mufar» al adversario. «Yo estuve en este club y sé lo que es», le dijo, en la demostración de afecto. Y se enteró de la presencia de Claudio Paul Caniggia en la platea, para acompañarlo: «A Cani lo adoro, es mi amigo, lo banco a morir».

Pero el primer detalle particular del inicio de la era del astro, de 58 años, se dio en el clásico momento de la foto colectiva del equipo. Porque Diego, como el espíritu de futbolista intacto… ¡Se sumó a la formación! Arriba y a la izquierda, como en sus mejores épocas de futbolista.

La foto colectiva, con Diego como un jugador más (Foto: Nicolás Aboaf)

Luego, se ubicó en el banco de suplentes junto a Sebastián Méndez, su ayudante de campo principal. Intercambió opiniones seguido con el Gallego. Por momento se puso de pie, dio indicaciones con energía, pero sin perder los estribos… Excepto en un único momento, antes de una pelota parada, en el que se desesperó cuando advirtió que la persecución no era lo suficientemente intensa. «¡La puta madre! La marca, la marca», gritó.

Le ofrecieron una bebida energizante, pero la rechazó. Se lamentó por las chances dilapidadas (el remate esquinado de Víctor Ayala, el cabezazo que sacó Arias). Y quedó con los brazos en jarra, buscando respuestas, cuando a Alexis Martín Arias se le escurrió el cabezazo del Pulpo González.

El segundo tiempo comenzó con emociones en cantidad. Gimnasia empató con un cabezazo que Maradona festejó, primero, abrazado con su cuerpo técnico (que lo rodeó, cobijándolo) y luego de frente a la platea, con furia. «Vamos, vamos, vamos, vamos», les pidió a sus jugadores. Pero el 2-1 de Matías bajó rápidamente la efervescencia. El ex capitán de la Selección se lamentó varias veces y, camino de regreso al banco, dejó una sentencia: «Otra vez a remar». Y se sacó la gorra, ofuscado.

Diego resopló de alivio cuando se perdió el gol Pillud, se lamentó repetidamente cuando Matías García se perdió el gol de frente a Gabriel Arias (tras acción individual de Spinelli) y se retiró del campo de juego conforme pero contrariado. Incluso fue crítico del planteo de la Academia, que aprovechó las necesidades del dueño de casa jugando de contragolpe. «En dos pelotas sucias hizo dos goles, a mí no me puede gustar el fútbol de Racing, pero es práctico. Al equipo lo vi bien, bárbaro, hay que seguir trabajando», firmó. ¿Y qué fue lo que más le gustó? «El haberle podido hacer un gol limpio a Racing», concluyó. Un Maradona auténtico.

Se el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo no será publicada.


*