Con pocas chances de éxito, otra caravana de hondureños se aventura a llegar a Estados Unidos

Para Josué Molina es el cuarto intento. Este joven hondureño cree que no tiene futuro en su país. Por eso, aunque ya falló en tres oportunidades en los últimos tres años, ahora trata por tercera vez de llegar a Estados Unidos. Hoy integra la caravana de miles de compatriotas que emprendieron el arduo camino hacia el norte y que este jueves se acercan a Guatemala. Pero el gran desafío será cruzar la frontera hacia México, que ya avisó que no los dejará avanzar.

Josué tiene 24 años y nació en Santa Bárbara, en el occidental de país. Y este miércoles fue uno de los primeros integrantes de la caravana en llegar a Agua Caliente, en la frontera entre Honduras y Guatemala.

Con el cansancio reflejado en su rostro, Josué contó a la agencia EFE que esta vez espera llegar a destino. En los dos primeros intentos no pudo pasar de México. En el tercero, logró llegar en diciembre de 2019 a San Antonio, en el estado de Texas, Estados Unidos. Pero fue deportado a los pocos días.

El joven estudió hasta el sexto grado de educación primaria pero no pudo seguir. Y explica que quiere irse de su país porque en Honduras hay «mucha crisis. Uno desea salir adelante, pero no puede porque no hay trabajo».

Por eso una vez más decidió dejar de nuevo a su familia, incluida su mujer y una hija, más siete hermanos, cinco hombres y dos mujeres, para buscar un futuro mejor en el norte.

Como Josué, centenares de hondureños convencidos de que no pueden seguir viviendo en su país por la falta de empleo y la inseguridad, emprendieron este miércoles una nueva caravana, con la idea de llegar a Estados Unidos.

Oficialmente no se sabe cuántos inmigrantes participan en la caravana, que partió de una central de ómnibus interurbanos de San Pedro Sula, norte, la segunda ciudad más importante de Honduras.

La masiva movilización salió de San Pedro Sula a las 4 de la mañana del miércoles, a pie, pero después de una hora comenzaron a subirse a distintos tipos de vehículos: micros, camiones, contenedores y camionetas, entre otros.

La policía de Guatemala controla el flujo de migrantes que llegan desde Honduras y buscan avanzar hacia México y luego Estados Unidos. /AFP

También fueron muchos los que caminaron varios kilómetros, entre hombres, mujeres y muchos niños, algunos recién nacidos, alternando con los trayectos recorridos en unidades de transporte.

Según el diario guatemalteco Prensa Libre, unos 500 hondureños llegaron a última hora del miércoles a Guatemala por Puerto Barrios, y desde allí avanzaron hacia la capital, donde pernoctaron. Unos cien, incluidos niños, pidieron ayuda a la Casa del Migrante antes de reanudar el viaje.

A estos 500 se les habría sumado una segunda caravana con 800 personas que ha emprendido camino en el departamento guatemalteco de Petén, en la frontera con México.

De acuerdo con el diario local, se espera que en las próximas sigan llegando migrantes hondureños a la frontera de Guatemala. Otras cien personas estarían avanzando ya hacia el cruce de Izabal.

Decenas de migrantes hondureños en el puesto fronterizo de Agua Caliente, hacen trámites para su ingreso a Guatemala, este miércoles. /EFE

Desafío a la mano dura de Trump

El nuevo presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei, recordó a los migrantes que el gobierno mexicano ha anunciado que no les permitirá entrar al país, advirtiendo de que, una vez varados en la frontera, serán repatriados.

Los hondureños han retomado las caravanas centroamericanas que iniciaron en octubre de 2018 con viajes en grupo para protegerse de los peligros de la ruta hacia Estados Unidos, plagada de organizaciones criminales.

La Administración de Donald Trump logró frenar el flujo migratorio tras firmar una serie de acuerdos con los países centroamericanos y con México, país de tránsito, que pasan por reforzar las medidas de seguridad en sus respectivas fronteras.

En la caravana de hondureños viajan decenas de chicos. /AP

Sin embargo, el fenómeno se ha reactivado. Como en las anteriores caravanas, los argumentos ofrecidos por los migrantes son la violencia y la falta de oportunidades imperantes en los países del llamado Triángulo Norte –Honduras, El Salvador y Guatemala–.

Inseguridad y desempleo

Las razones por las que estos migrantes deciden abandonar su país son la inseguridad y la falta de empleo, aunque muchos, que dicen haber tenido trabajos temporales, recalcaron que les pagaban «muy poco».

La convocatoria a la caravana de este miércoles, de la que unos 200 inmigrantes salieron a pie el martes por la noche, con rumbo a Corinto, otro punto fronterizo con Guatemala, no la hizo ningún grupo social. Simplemente apareció en redes sociales y centenares se dieron por enterados.

La falta de un líder al frente de la caravana creó el martes confusión entre muchos de los inmigrantes, que al final se dividieron, unos viajando por Corinto y otros, la mayoría, por Agua Caliente.

Migrantes hondureños, en su larga travesía hacia Estados Unidos. /EFE

La mayoría de los inmigrantes son jóvenes, que no encuentran oportunidades de crecer a través de un empleo con salario digno.

«Coyotes» y robos

Entre los primeros inmigrantes de la caravana, varios fueron víctima de traficantes de personas en los puntos fronterizos, conocidos como «coyotes».

Una de las víctimas de robo es Karen Judith Torres, madre soltera de 18 años, a quien «coyotes guatemaltecos» la «engañaron», haciéndole creer que la cruzarían a Guatemala, paro lo que tenía que pagar una determinada cantidad de dinero en quetzales, moneda de ese país, según relató a EFE en las oficinas de Migración de Honduras en Agua Caliente.

Los «coyotes», dijo Karen Judith, cargando en brazos a su hija de cuatro meses, le robaron 3.500 lempiras (141 dólares), «lo único que llevaba».

Por momentos los ojos se le humedecen a Karen Judith al recordar su situación de pobreza, de ser madre soltera y que, su primera hija, la tuvo a los quince años. Su educación llegó hasta el cuarto grado de educación primaria, pero anhela «darle lo mejor que pueda a mis hijas».

«Regreso peor de lo que llegué aquí», expresó la joven, quien será enviada con ayuda oficial a la cercana ciudad de Santa Rosa de Copán, a donde llegará a esperarles un abuelo de su hija.

Quizá debido a todas las inclemencias del viaje desde Yoro, hasta Agua Caliente, la niña de Karen Judith presentó un problema de salud, según un reporte de una clínica en el sitio fronterizo que es atendida bajo un programa de la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia (DINAF).

Controles de seguridad

A pocos kilómetros de llegar a Agua Caliente, en el occidental departamento de Ocotepeque, agentes de la Policía Nacional detienen a todas las personas, sean inmigrantes de la caravana o no, que quieren cruzar a Guatemala, como parte de un «control» para saber si entre ellos van indocumentados o personas que tengan pendiente una orden de captura por algún delito o crimen cometido.

En el recorrido muchos inmigrantes, que aseguran que no llevan dinero, ni comida, piden ayuda a los lugareños. 

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