Algo se rompió: a Marcelo Gallardo no le gustó la actitud de Guillermo Barros Schelotto

River tiene la sangre en el ojo, la vena a punto de explotar. Aunque no hay muchos protagonistas en los micrófonos, ya lo dejó en claro la gente en el Monumental apuntando contra la barra, la Conmebol y el presidente Mauricio Macri. Y también lo demostraron dos referentes: primero, Rodolfo D’Onofrio con el “vení a jugar” a Daniel Angelici; y luego, Marcelo Gallardo, compungido como nunca en su última conferencia de prensa y visiblemente molesto ante lo ocurrido en una final de Copa Libertadores ante Boca que ya parece eterna. Las diferencias que nacieron desde las cúpulas dirigenciales se ramificaron hacia los cuerpos técnicos. ¿Por dónde pasa el principal fastidio del Muñeco? Sabe que sin la solidaridad de River el sábado 24, Boca podría haber perdido el partido por “no presentación”, ya que en un momento las presiones de la FIFA y la Conmebol para jugar parecían insostenibles (hasta el árbitro Cunha se había plantado en el círculo central del Monumental). Hablaron después del partido entre Gallardo y Gustavo Barros Schelotto, imágenes que fueron públicas. El técnico de River entendía que jugar en esas condiciones hubiera sido una ventaja, lo mismo si lo hacían al otro día. Pero cuando vio luego que Boca pedía que le den el partido ganado…

Lejos de disminuirse, la bronca del entrenador se replica mientras pasan las horas y la realidad golpea de lleno: el plantel deberá viajar este miércoles, a las 14, a Madrid (irán en un vuelo chárter) para empezar a entrenarse en la Ciudad de Real Madrid en Valdebebas, a la espera del duelo del domingo en el estadio Santiago Bernabéu. Una situación que hace menos de 10 días era una locura imposible de imaginar y hoy es una realidad.

Gallardo, fiel a su estilo, se aferra al trabajo y al potencial de su grupo, aunque mantiene la guardia alta porque continúa sin comprender distintas situaciones que potencian su malestar, incluyendo a la Conmebol, la FIFA y a Boca, ya sea dirigentes o cuerpo técnico. Porque la decisión del xeneize de ir por todo en los escritorios, la pérdida de la localía, la falta de responsables y culpables de la agresión al micro rival y las recientes declaraciones de Guillermo Barros Schelotto fueron un baldazo de agua fría para el Muñeco y su grupo de trabajo.

La sensación de “traición” y de “puñal por la espalda”, como deslizó algún dirigente en los pasillos del Monumental, se sigue percibiendo: en Núñez sienten que, pese a que River eligió no jugar -evadiendo las presiones de la Conmebol y la FIFA para hacerlo-, respaldar a Boca y respetar la igualdad de condiciones para que los futbolistas lastimados estén al 100%, nada importó. Y ni siquiera se valoró.

La palabra del Mellizo tras la victoria ante Independiente 1-0 solo echó más leña al fuego. “Tengo una opinión formada, pero no nos podemos desenfocar. Conmebol definió que se juegue en España, hay que acatar y jugar. No va a ser un ambiente normal de Libertadores. Pero hay que acomodarse, cualquier cosa que diga no sirve de nada. Me hubiera gustado jugar en la Argentina, pero imagino que está en el reglamento y hay que acatarlo”, sentenció el técnico de Boca.

Así, los técnicos tomaron posturas totalmente diferentes -uno acató y el otro atacó- y la sensación en el entorno de Gallardo y en los rincones del Monumental es que algo se rompió entre los técnicos. Nunca fueron amigos, pero siempre existió una relación de respeto, admiración mutua desde la época de jugadores y camaradería entre ambos, lo que se observaba incluso en los últimos superclásicos, con un saludo entre ambos antes de comenzar los partidos. Las palabras de Barros Schelotto fueron la gota que rebalsó el vaso tras otras tres situaciones que molestaron: las declaraciones de Tevez y Benedetto atacando a River, la poca valoración de la actitud del entrenador -salió a saludar y ver cómo se encontraban los jugadores- y del plantel al solidarizarse y, sobre todo, la decisión de Angelici y su CD al reclamar los puntos en la Conmebol, generando así la supuesta falta de palabra.

“¿Cómo voy a replantearme mi modo de actuar?”, dijo el Muñeco en la conferencia de prensa cuando lo consultaron sobre un posible arrepentimiento tras apoyar la postergación. “Yo estaría faltando a mi forma de sentir. Que los demás hayan accionado como lo hicieron para sacar ventaja no es problema nuestro ni es lo que representa al hincha de River”, disparó, dejando en claro que siente que no hubo respeto desde la vereda de enfrente.

Después de la frase “la final la juego en cualquier lado, hay que ver si Boca se va a presentar” que dejó el miércoles pasado, anteanoche se vio un Gallardo mucho más enérgico, decidido, inquieto, moviendo su lapicera de acá para allá. Y sus palabras se contrastaban con sus gestos. Porque su postura es clara: el fastidio y la sensación de que a River le quitaron la igualdad de condiciones solo se puede aplacar conquistando la Libertadores.

“Quiero enfocarme y poner energías en la preparación del equipo. Es la única manera en que podemos defender al hincha, porque este grupo los va a representar de la mejor manera posible para darles la alegría que se merecen. Les robaron una posibilidad única y los vamos a defender donde nos sentimos mejor: en el campo de juego. Perdimos la localía, muchachos… perdimos mucho. Y ahora tenemos mucho para ganar. Mi indignación es la misma que las de los hinchas genuinos que les quitaron la posibilidad de ver a su equipo jugar en su estadio y en las mismas condiciones que nosotros fuimos a jugar a La Boca”, agregó el Muñeco.

“La decisión ya la tomó la Conmebol, no se puede cambiar, por más absurda que sea. La Copa Libertadores de América muchachos, jugar a 10.000 kilómetros. Alguna vez nos vamos a replantear lo que acaba de suceder. Tal vez vamos a recordar esto como una vergüenza total. Hoy fuimos nosotros, tal vez mañana sea otro.“, sentenció el DT.

Durante los próximos días, River intentará disminuir tensiones y nervios para exprimir al máximo las virtudes de un equipo que aún mantiene la confianza alta porque sabe que sus posibilidades de conquistar la Libertadores siguen intactas. Y, al mismo tiempo, Gallardo buscará que la sangre en el ojo sea una herramienta más para sacar el temple y el coraje necesario que le permita a sus dirigidos sobreponerse y decir presente en Madrid, con un claro mensaje: “Boca, Boca, Boca, ese es el enfoque”.

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