LA MÚSICA EN LA PAMPA JORGE SOSA (guitarrista)

 

 

Cuando comencé a hablar con Jorge Sosa me dí cuenta que no sólo estaba ante un músico, sino también ante un protagonista de la transformación que fue experimentando la ciudad de Santa Rosa. Esa transformación estaba relacionada al hecho de ir dejando de ser un pueblo de avanzada para la época, para ir adquiriendo las características de una ciudad, capital de provincia. Así lo puso de manifiesto en cada una de las tantas vivencias que me relató el intérprete.

Nativo de nuestra ciudad dice haber pasado su infancia entre la casa de sus padres y la quinta de su abuelo paterno Miguel Arcángel Sosa, quien vivía en lo que hoy es el pujante barrio de Colonia Escalante. Justamente enfrente vivían sus tíos maternos Juan y Enrique Lobato quienes formaban el conjunto folclórico “Los Trovadores de La Pampa”.

Deduzco que Jorge nació con una guitarra bajo el brazo porque con tal pasión habla de su infancia entre el sonido de cuerdas y todas sus variaciones, que su llegada al mundo no se me representa de otra manera. Con sólo siete años de vida sacaba a escondidas la guitarra de uno de sus tíos y ensayaba las melodías que había escuchado durante los ensayos diarios del conjunto. Con la anuencia y estímulo de su abuelo fue prestando cada vez más atención a las interpretaciones que luego ensayaría a solas. Es una clara muestra de lo prodigioso de su oído para la música y lo

corrobora el hecho de que nunca fue a aprender en forma profesional pero su dominio de las cuerdas es innegable..

Captada una nota de determinado tema, las restantes le salen del alma y con una natural espontaneidad acompaña a a todos los cantantes con los que ha interactuado.

Animador de las fiestas familiares desde pequeño, se presentó públicamente a los 14 años en el programa “Tranquera abierta a la tradición” que durante muchos años condujo el recordado locutor Guillermo Fernández.

Poco tiempo después participó en un festival que se realizó en la localidad de Naicó. Recuerda ese tiempo con nostalgia, cuando todo este tipo de eventos se realizaba con los medios que se tenían mano. En esa oportunidad el escenario era uno de los conocidos carritos Fama que a la vez permitían el traslado de los instrumentos y elementos de sonido. Justamente el encargado del sonido fue Carlos Alberto Otálora, más conocido como “el Cholo”.

A través de lo relatado hasta aquí vemos como se fue perfilando su carrera artística. Desde el niño que observaba con asombro como con un caballo se extraía agua de un pozo mientras afinaba una guitarra, hasta el guitarrista que admira al inmortal Eduardo Falú y a sus amigos que formaron el dúo pampeano Olié-Hernández.

Jorge Sosa Interpreta temas pampeanos y folclóricos nacionales, hasta música clásica, boleros y con especial énfasis acompaña a Norberto Campo (Bocha para sus amigos y seguidores) en su destacada actuación como cantor de tangos.

Durante muchos años acompañó a “La vasca”, Hilda Mugabure recorriendo y cosechando aplausos en cada localidad donde era requerida su participación.

Jorge nunca piensa en el futuro, vive el día a día, los momentos como se presentan.

Respondiendo a -¿con quién te gustaría componer una canción?- enfatiza sin dudar que sería con Juan Carlos Corso en tanto sus ojos se empañan ante el recuerdo de los buenos momentos que compartieron.

Es un apasionado de la naturaleza, desde que se levanta hasta que el sueño lo vence no deja de admirar el entorno y le brota la necesidad de pulsar una guitarra, expresar con sonidos las sensaciones que lo asaltan y dar vía libre a las notas que lo acosan desde sus fueros íntimos.

En este momento halla en Bocha Campo al artista que lo motiva para desarrollar su arte desde lo rítmico/auditivo.

Si bien no contó con el apoyo de una parte de su familia, que hubiera sido importante para él, encontró en su padre y en una de sus hijas el respaldo incondicional para mantenerse incólume en el sendero de su natural vocación.

Es tan fuerte el impulso que siente cuando algo lo conmueve que no puede frenarlo y viene al caso un hecho acaecido en el Concejo Deliberante de esta capital. En cierta oportunidad recitaba uno de sus geniales poemas un grande de la literatura pampeana, el escritor y poeta Edgar Morisoli, mientras esperaban su turno otros artistas invitados. Entre ellos estaba Jorge, quien sin pensarlo dos veces desde el fondo de la Sala de Reuniones, alzó su guitarra y comenzó a ejecutar una música de fondo que agradó de sobremanera al poeta, logrando entre ambos una armonización perfecta.

Cuando el poeta finalizó su recitado se levantó y lo felicitó por su intervención tan natural y espontánea.

Así son nuestros artistas, naturalmente espontáneos, creativamente especiales.

Al prenderse las primeras luces del barrio y el sol ya pasaba a ser un recuerdo más del día transcurrido, Jorge Sosa se dispone a partir no sin antes contarme que le debe mucho a la música.Aún permanecen como suspendidas en el aire las palabras con las que confesó un íntimo deseo –Déjenme ser–

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